La Utopía

Jorge Legorreta*
Alguien dijo alguna vez que no existe nada construido que no se haya imaginado previamente. En México, y fundamentalmente en el Centro Histórico muchos arquitectos han imaginado proyectos. La imaginación forma parte sustancial e indisoluble de la realidad que se plasma en planos y maquetas. Y así como la imaginación se despierta en los escritores y los artistas también lo hace en los arquitectos. Es la imaginación la que nos ha llevado al mundo existente. La misma República y la democracia que hoy tenemos fue obra de la imaginación de la ilustración francesa. Entonces ¿Cómo construir un mundo sin imaginación? Sin escritores, sin artistas sin filósofos sin urbanistas?
LAS UTOPIAS DEL SIGLO XVI
Los primeros planos de la ciudad de México diseñados por los conquistadores españoles minimizaron la gran presencia del agua a su alrededor, misma que comprendía un área de mil cien kilómetros cuadrados; la antigua Tenochtitlán sólo tenía seis kilómetros cuadrados. Esta es la primera gran utopía que se tuvo de esta ciudad. La utopía de desaparecer el agua, la cual hasta hoy no se ha concluido totalmente; en el sur de la ciudad persisten aún vestigios de esta cuenca lacustre. La idea de reducir al máximo el agua de dicha cuenca quedó expresada en plano de la ciudad que formó parte de las cartas de Relación que Cortes envió al Rey de España. En plena conquista, el agua que había sido el sustento militar de los indígenas fue posteriormente reducida para ampliar los territorios que dieron paso a los pesados instrumentos bélicos de los conquistadores.

En las diferentes cartografías que se realizaron en el siglo XVI de la ciudad de México, se plasman imágenes idealizadas entre mezcladas con el concepto medieval y renacentista europeo de la época. Según nos relata Don Miguel León Portilla, entre 1523 y 1532 Tenochtitlan fue confundida con una ciudad China sobre el agua llamada Hang Chou, misma que había narrado Marco Polo en uno de sus viajes a oriente; tal confusión tomó auge en Europa durante los diversos viajes realizados por Cristóbal Colón, quien aseguró hasta su muerte que había llegado a Asía por el polo opuesto; no fue sino hasta la tercera década del siglo XVI con los viajes de Magallanes que se comprueba que no era tal ciudad china, sino una ciudad lacustre de un continente nuevo.

Otras visiones utópicas que habían surgido en Europa, fue la fascinación sobre un mito que confundía las chinampas con jardines flotantes. Parte de ese mito fue la base para difundir en Europa la idea de una Ciudad de Palacios rodeada de jardines flotantes en el agua. Todo ello fue esencial en la toma de decisiones para la creación de una ciudad desconocida pero imaginada.

LAS UTOPIAS DEL SIGLO XVII
Con el siglo XVII surge la necesidad primaria de “valorizar los terrenos” y uno de los primeros proyectos en este sentido fue impulsado por el famoso arquitecto del barroco, Francisco Guerrero y Torres; entre 1730 y 1770 fue autor del actual Museo de la Ciudad de México, entre otros importantes edificios de la época. Guerrero y Torres amplia la primera Basílica, comienza a entubar el Río de los Remedios y crea una plaza nueva con la pretensión de utilizar terrenos de bajo valor y rentabilizarlos con el conocimiento de que por ese lugar confluirían muchas personas. El mismo Guerrero y Torres construyó más tarde un camino que iba directo desde el centro de la ciudad a la Basílica.

En 1760 con el ascenso del Carlos III al trono de España el Virrey impulsa una serie de medidas para erradicar el comercio ambulante, sobre todo al frente del antiguo mercado del Parían; el proyecto utópico consistió en que el día del juramente de ascenso al trono de Carlos III, la ciudad tuviera puestos para el comercio ambulante limpios y ordenados; dicha utopía que hasta la actualidad no se ha logrado, se debe a que la Ciudad no la hacen ni los arquitectos ni los políticos; es una expresión de la sociedad en su conjunto.

Ante la preocupación de una gran inundación, un clérigo muy culto llamado Juan Antonio Alzate, propone en 1760 --siguiendo la antigua idea de los españoles sobre que el agua era un enemigo para la ciudad— construir canales hasta los volcanes del oriente para así desaparecer los lagos y resolver el problema de las grandes inundaciones. El mismo Alzate participó en otro proyecto similar en donde se propuso perforar una montaña llamada la Caldera. Trescientos cincuenta años después, Heberto Castillo propuso una idea similar pero para crear grandes tanques de almacenamiento de agua.

En 1790 el segundo conde de Revillagigedo quien fue el Virrey de la Nueva España en aquella época, manda construir muros y zanjas al estilo de las ciudades medievales para proteger a la ciudad de las inundaciones y permitir su crecimiento. Tal Proyecto no fue concluido por falta de recursos.

A finales el siglo XVIII aparece Ignacio Castera , aquitecto de dicho conde de Reviillagigedo a quien se le atribuye la primera iglesia neoclásica llamada de Loreto. Castera también propone una zanja para que la ciudad se pudiera extender hacia los barrios circunvecinos. Se trata del primer plan regulador de la ciudad, inspirado por los canones geométricos del neoclasicismo. Ignacio Castera propone el diseño de una ciudad rectangular y lineal; una propuesta similar impulsó Hank González en 1979.

LA MODERNIDAD DEL SIGLO XIX y XX
En 1843, el arquitecto Lorenzo de la Hidalga, proyecta el primer monumento a la Independencia que mandó hacer Santa Anna; este primer proyecto representaba una águila que despegaba para elevarse al cielo; el mismo arquitecto diseña sin construirse, la primera cárcel en estrella de orden neoclásico; la idea se retomaría mas tarde durante el porfiriato para construir la cárcel de Lecumberri, hoy el Archivo General de la Nación

Durante todo el siglo XIX hubo varios proyectos para agilizar el transporte acuático sobre las acequias y los ríos que atravesaban la ciudad. Incluso hubo algunas propuestas de incluir barcos de vapor para pasajeros, como por ejemplo en el canal de la Viga.

Influido por su hermano, Rey del Imperio Austro Húngaro, Maximiliano trae a México el concepto de los grandes Bulevares similares a los de la ciudad de Viena. Maximiliano impulsa una gran utopía, misma que no hubo tiempo de concretar. Se trataba de crear un circuito de grandes bulevares; el primero fue para unir el Castillo de Chapultepec con el Caballito (el único construido); otro más, iba por lo que hoy es Avenida Juárez tomando parte de la Alameda, Madero y 5 de Mayo, hasta el Zócalo. De ahí se abría otro sobre la actual avenida 20 de noviembre y continuaba por la actual avenida Chapultepec, hasta el Castillo de este mismo nombre. El arquitecto, autor original de construir estas grandes avenidas lo fue en París, el barón de Husssmann, urbanista al servicio de Napoleón III. Este gran proyecto urbanístico de Maximiliano, consignado por la historiadora Esther Acevedo no fue completado.

A finales del siglo XIX el arquitecto Emile Bernard proyectó el gran Palacio legislativo con una gran cúpula, actual monumento a la Revolución. Dicho proyecto fue suspendido debido al estallido de la revolución Mexicana.

Ya entrado el siglo XX el Arquitecto Vicente Urquiaga proyectó diversas avenidas para “penetrar” el centro histórico a base de diagonales, una visión urbanística del mismísimo Barón de Houssmann. Muchas colonias de la época se hicieron con este concepto geométrico, que en el fondo buscaba rentabilizar los terrenos, como la Álamos, la Condesa, la Obrera, etc. Mas tarde, el mismo arquitecto Pallares propuso levantar gigantescas torres sobre el actual Eje Central Lázaro Cárdenas, exactamente en el cruce con la avenida Hidalgo; tal visión del modernismo arquitectónico de mediados del siglo XX fracturaba evidentemente los contextos históricos de los edificios de Bellas Artes y el de Correos.

Para fines de la década de los años cincuenta, el Arquitecto Mario Pani diseña Ciudad Satélite, en cuyos planos originales se habían proyectado grandes extensiones de territorios verdes a su alrededor. Lamentablemente el actual Periférico que unió dicho fraccionamiento con la ciudad de México valorizó los terrenos circundantes y se comenzó a construir en sus alrededores comercios y casas habitación; este proceso urbanizador en el estado de México coincidió con la prohibición para construir fraccionamientos habitacionales en el Distrito Federal impuesta por el regente de hierro Ernesto P. Uruchurtu, Jefe del entonces Departamento del Distrito Federal.

En 1964 se inaugura la Unidad Habitacional Tlatelolco, un proyecto que se tenía pensado extender en el corazón del Centro Histórico en 1967, con la intensión de suprimir los llamados cinturones de pobreza y así, valorizar dicha área central. Una utopía que por fortuna, se detuvo.

En 1983 surge otro gran proyecto con la denominado “Centros Urbanos” con intensión de valorizar los antiguos barrios de la ciudad de México; se trataba de levantar ahí grandes edificaciones y construir corredores urbanos destinados para albergar todos del servicios. Un proyecto que quedó truncado por el temblor de 1985

En pleno inicio de la globalización durante la década de los años noventa del siglo pasado, el consorcio internacional Reichman participa activamente en el desarrollo urbanístico y arquitectónico del conjunto Santa Fe y edifica sobre la avenida Reforma, la Torre Mayor. En el caso de Santa Fé, el proyecto original contemplaba edificar 400 mil metros cuadrados para diversos servicios comerciales, financiaron y habitacionales, de los cuales solo se construyeron 70 mil.

Uno de las utopías mas maravillosas que se han ideado en el siglo XX se refiere a un proyecto de restauración de Xochimilco a fines de los años ochenta y principios de los noventa. Fue una utopía ver construidos un gran lago turístico de 300 hectáreas y edificios de 15 y 20 pisos aledaños al Periférico en la zona lacustre de Xochimilco. Esta utopía quedó truncada en 1994, en gran parte por la oposición de los campesinos de la zona; la idea de estos últimos, fue conservar la zona con áreas agrícolas y restaurar las actuales zonas agrícolas de chinampas.

En el marco del transporte público, otra de las grandes utopías fue el proyecto del tren elevado de Barrientos hasta el Palacio de Bellas Artes. El proyecto quedó pendiente por la oposición vecinal; muchos ciudadanos consideraron con razón que en cualquier parte del mundo, los trenes elevados congelan el valor inmobiliario de los terrenos por donde pasan; en cambio, los transportes subterráneos elevan dicho valor; el proyecto se enmarcaba en la política gubernamental de ese entonces, de concesionar a la empresa privada con carácter rentable la prestación de un servicio público; es decir, el gobierno se desiste de invertir recursos públicos en el transporte, ha cambio del cobro rentable de tarifas.

Otra propuesta digna de mención proviene del Arquitecto Félix Sánchez para edificar una plaza comercial y puentes-corredores comerciales para la estación del Metro Chapultepec; la idea era ordenar el comercio ambulante, agilizar la estación de microbuses y hacer mas agradables los espacios públicos. Fue esta una más de las utopías urbanas de fines del siglo XX en la ciudad de México.

Para concluir, hay que mencionar tanto la utopía de ampliar el Metro, que solo cubre el 15 por ciento del área metropolitana con escasos 200 kilómetros de vías; mientras el de Nueva York tiene mil 100 kilómetros y el de París 900. Así como los famosos segundos pisos, cuyo proyecto original contemplaba una red de 50 kilómetros para cubrir parte del periférico (de la Defensa Nacional a la glorieta de Vaqueritos), Constituyentes con un entronque por el viaducto hasta el aeropuerto; y toda la avenida Chapulpetec y Fray Servando teresa de Mier. En la actualidad la obra solo cuenta con 17 kilómetros.