Certificación

 

 

 

 
 
 
 
MPR
Las evaluaciones de los aprendizajes de los estudiantes (lo que en el habla cotidiana se conoce como los "exámenes") desempeñan, igual que los demas elementos del sistema escolar, las funciones que a este sistema le asignan los intereses dominantes de esta sociedad estratificada, escindida y sin rumbo.Como lo han señalado muchos especialistas, entre las principales funciones que han venido desempeñando las evaluaciones de los aprendizajes de los estudiantes en el sistema escolar se encuentran las siguientes:

La selección de los pocos que podrán seguir ascendiendo en el propio sistema escolar, y con ello obteniendo mejores oportunidades para ascender socialmente y sobrevivir razonablemente.

La legitimación de este proceso de selección social con el argumento de que es justa, producto de mediciones científicas del rendimiento de los estudiantes.

  • El "enfriamiento" de las aspiraciones educativas y sociales de amplios sectores de la sociedad, convenciendo a sus integrantes  de que o son naturalmente incapaces  de seguir aprendiendo (el mito del "IQ", la falta de "talento"), o que no han hecho los suficientes méritos (empeño, esfuerzo) para seguir ascendiendo en el sistema escolar y por lo tanto en la escala social.

  • La distribución   de reconocimientos, medallas  y premios (y como contraparte, la distribución de humillaciones, complejos y rencores) y con ello el reforzamiento de las actitudes de rivalidad, competencia y posesión que orientan a la sociedad comercializada del presente.

De esta manera, las víctimas de un sistema social injusto son convencidas de ser culpables de sus fracasos escolares, económicos y sociales. Si sumamos a esto la situación objetiva de impotencia individual de una población desorganizada y la perversa función estupidizadora de la televisión, no puede extrañarnos que estos intereses dominantes hayan logrado conformar amplios sectores  domesticados, conformistas, incapacitados para tomar en sus manos su destino, no obtente el ominoso futuro cercano.

La generalizada idea errónea  de que nuestro sistema de educación pública ha sido conducido por el pensamiento liberal, impide ver que este sistema ha respondido y responde más bien a intereses corporativos y a un proyecto educativo funcional a la rígida sociedad clasista mexicana. Las férreas normas  que en nuestro país determinan los "exámenes" escolares son una pieza clave de estos intereses (aún cuando, por ejemplo, recientemente se han "flexibilizado" los  requisitos para la obtención de un "título profesional" eliminando erróneamente la tesis y el examen- esto se ha hecho no para liberalizar el sistema, lo cual tampoco lo justifica, sino solamente para mejorar las estadísticas de eficiencia terminal y de graduación).

La problemática hasta aquí esbozada ha conducido a algunos a adoptar una postura de rechazo a los "exámenes", postura absurda si se entiende que lo cuestionable son las funciones que se le asignan a los exámenes, lo usos y abusos que se hacen de ellos, y no los exámenes mismos.

Examinar, dice el diccionario de la Academia Española, es "escudriñar con diligencia y cuidado una cosa", esto es lo que hace, por ejemplo un médico responsable cuando vamos a "consulta" (aquí el carácter amenazante del examen desaparece porque está  en el contexto de una consulta, lo cual significa "pedir parecer o consejo", y no desempeña funciones perniciosas como los exámenes escolares). Pero han estado tan estrechamente ligados los exámenes al sistema  escolar que el mismo diccionario apunta esta otra acepción de examinar: "prueba que se hace de la idoneidad de un sujeto para el ejercicio de una profesión,  facultad, oficio o ministerio, o para comprobar o demostrar el aprovechamiento en los estudios". Y, en efecto, los exámenes escolares no se limitan a la acción de "escudriñar con diligencia y cuidado una cosa" (los saberes del estudiante) sino que incluyen el dictamen correspondiente, la aplicación de medidas (de premio castigo, de exclusión o inclusión) y una puesta en escena dominada por una fuerte tensión y que desempeña, como hemos visto, varias funciones sociales. Todas estas funciones del examen están tan ligadas entre sí en el ámbito escolar, que se consideran una misma cosa: examen es igual a premio o castigo, inclusión o exclusión reconocimiento o humillación, etcétera.

De un tiempo acá, como resultado de un espíritu modernizador, en los sistemas  escolares, se ha extendido el reemplazo de la palabra examen  por el de "evaluación". La palabra es bienvenida, pero no necesariamente debe conducir al rechazo de la otra, pues una evaluación responsable exige un examen responsable (recordemos: escudriñar con diligencia y cuidado una cosa).

Hoy en día se entiende por evaluación un conjunto sistemático y fundado de juicios y el fundamento de éstos no puede ser otro que los  exámenes. La palabra "juicio" también provoca urticarias, pero en personas que han puesto poco juicio en el asunto, pues "juicio" no necesariamente tiene que ver con jueces severos, sentencias, culpas y castigos (o exculpaciones y premios). Juicio, dice el diccionario, es la "facultad del alma por la que el hombre (y la mujer, se añade, hoy) puede  distinguir el bien del mal, o lo falso de los verdadero" y, podríamos agregar, también lo bello de lo feo, por ejemplo. De los juicios se han ocupado todos los grandes pensadores y han sido objeto de clasificaciones diversas: según la materia que se juzga, según quien lo juzga, según el propósito que se persigue, etcétera.

Un asunto que se ha descuidado en relación con los juicios es precisamente el de los propósitos con los cuales se juzga, o las funciones que desempeña cada juicio específico. Regularmente se pierde de vista que una misma materia (persona, situación u objeto) puede ser (y casi siempre merece ser) objeto de diversos juicios, cada uno para un propósito diverso. Este aspecto es particularmente descuidado en los sistemas escolares porque de antemano se entiende que los juicios que se desprenden de los exámenes tienen funciones definidas incuestionables  (premiar o castigar a los estudiantes), así como incuestionables con el sistema escolar mismo y la sociedad a la que sirve.

Pero así como el examen médico se hace como acción inevitable para atender una consulta y el juicio que hace el médico acerca de la salud del examinado se traduce en un  "parecer o consejo" -y no en una condena o en premios- , los exámenes escolares deberían desempeñar funciones distintas a las funestas que hemos señalado en los párrafos anteriores. Concretamente, los exámenes deben servir, antes que nada, para aprender.

De los resultados de los exámenes que se aplican a los estudiantes pueden y deben aprender mucho los propios estudiantes, sus maestros, la institución que los aplica y el sistema educativo en su conjunto. Estos múltiples aprendizajes se derivan de la consideración cuidadosa no solamente de los aciertos, sino también de manera importante de los errores. Sin embargo, como bien sabemos, en la autoritaría ideología escolar dominante el error es considerado como algo puramente  negativo, como un fracaso, incluso como algo culposo. Y toda la culpa se carga al estudiante, (ninguna sospecha siquiera se asoma sobre los planes y programas de estudio, ni sobre el desempeño de los maestros o las condiciones de estudio. Es comprensible pues que los estudiantes quieran evitar a como dé lugar cualquier error (aun copiando al compañero de junto o llevando "acordeones" al examen) y que los exámenes se conviertan en una experiencia angustiosa desagradable, una experiencia que debe olvidarse pronto (junto con los conocimientos inútilmente adquiridos simplemente para pasar el examen).

En su libro Lenguaje, estructura y cambio. La estructuración del sentido en psicoterapia Jay Efran y coautores ponen de manera dramática este ejemplo: ".....una persona sin interés real es estudiar o aprender matemáticas se enfrenta a tener que pasar un examen de matemáticas. La persona espera lograr  el requisito sin estudiar a fondo la materia, sabe que sus matemáticas son pobres, pero  lo único que le importa es pobrar el examen. El requerimiento de las matemáticas le parece  impuesto desde afuera (...). Estas condiciones hacen de estos individuos candidatos ideales para sufrir la "ansiedad ante una prueba". Para ellos, el examen  no es una herramienta  educativa  sino un obstáculo peligroso molesto. En relación  con las matemáticas, estos estudiantes son en esencia fraudes educativos que esperan evitar ser detectados. Por lo tanto tiene sentido el hecho de que pasar una prueba constituya una experiencia aterradora para ellos. La ansiedad ante una prueba no es un síntoma extraño, es una respuesta razonable del sistema (el sustente) ante el peligro de ser descubierto como impostor"

Entre varios efectos negativos que se desprenden de considerar el error como algo negativo y aun culposo, uno particularmente grave consiste en que se transmite a los estudiantes una idea falsa acerca de cómo se construye el conocimiento, de cómo se aprende, de cómo se han construido la ciencia y la cultura a lo largo de la historia. En efecto, el conocimiento, tanto en el ámbito de las ciencias como en el de las humanidades, ha sido producto de múltiples eventos de error y corrección (aquí la palabra evento se usa en su sentido estricto: algo que puede o no ocurrir). Gastón Bachelard atinadamente decía que "la historia de las ciencias es inagotable mina de errores razonados". Por fortuna hay ya una amplia bibliografía quetrata con seriedad el significado de los errores y el valor educativo que éstos tienen.

Por otra parte, los premios y castigos asociados a los exámenes  y las evaluaciones escolares se sustentan en teorías pedagógicas obsoletas y dañinas,  aquellas que consideran eficaz y valiosa en la educación la motivación  extrínseca (tanto en la dimensión de los premios, como en la de los castigos). Hoy en día, las teorías pedagógicas   más avanzadas y los proyectos educativos más exitosos se basan en la  motivación intrínseca [1] , con una orientación humanista  y con un sustento en sólidos principios éticos y en conocimientos científicos en el campo de la epistemología y las neurociencias.

Si las instituciones educativas asumen la función de servicio con sentidos democrático como lo manda la Constitución, y adoptan  un modelo pedagógico moderno, deben dar un giro de ciento ochenta grados en su forma de ver los exámenes  y las evaluaciones. Pero  antes de abordar este asunto es necesario hacer  algunas reflexiones acerca de otra función de las instituciones escolares estrechamente ligada a los exámenes: la certificación de conocimientos.

Como hemos visto, las instituciones escolares no son simplemente instituciones que enseñan o instituciones que educan. Junto con esta tarea  esencial (y generalmente en contra de esta tarea esencial), dichas instituciones desempeñan, como hemos visto, otras funciones sociales importantes: la selección  de los pocos que podrán seguir ascendiendo en el sistema escolar, la legitimación  social  de este proceso de selección, el "enfriamiento" de las aspiraciones educativas y sociales y la distribución de reconocimientos,  medallas y premios (y como contraparte la distribución de humillaciones, complejos y rencores). Como hemos visto, en el ejercicio de estas funciones desempeñan un papel central los exámenes, las evaluaciones y sus resultados, expresados éstos en lo que se denomina"calificaciones", y con la acumulación de éstas, en los certificados, títulos y grados.

Como resultado de la determinante influencia del positivismo y el cientificismo en los sistema  escolares, la evaluación del aprendizaje de los estudiantes se ha visto reducida a cuantificaciones  que malamente se llaman calificaciones. A partir de la idea reduccionista de que lo que no se mide no se conoce [2] y con el claro fin de dar a dichas evaluaciones un carácter científico, los resultados de los exámenes aplicados a los  estudiantes se presentan en forma de números y de manera arbitraria se fija un nivel arriba del cual el estudiante es "aprobado y bajo del cual queda "reprobado", en este último caso, el estudiante se ve obligado a presentar nuevo examen  o a cursar  nuevamente toda la materia (generalmente sin importar lo que sí aprendió). En algunos casos, después de un segundo o tercer fracaso, el estudiante queda escolarmente desahuciado ("dado de baja").

En todo este esquema nada hay de objetividad, ni mucho menos  de cientificidad, empezando porque el conocimiento no puede cuantificarse , a menos de que se acepte reducirlo a fragmentos de información. Tan carente de contenido real es la "medición" de conocimientos que su unidad de medida son "puntos", término que carece  de significado cognoscitivo alguno y no tiene relación con los elementos del complejo proceso  vital  del conocimiento: motivación, voluntad, capacidad de abstracción, de análisis y síntesis, creatividad, imaginación, capacidad de cuestionamiento, destreza  en el manejo de las técnicas apropiadas, etcétera. Aceptando que el conocimiento fuera  simple información  quizá  la unidad de medida "científica" serían "bits" y los resultados de los exámenes se expresarían en cantidades de esta unidad (kilobits, megabits gigabits). Si se reconoce la complejidad del conocimiento y de los procesos que los  generan, la certificación de éstos no puede ser sino compleja y "cualitativa".

Ninguna centificidad añade el que las "pruebas" sean "objetivas" y sus resultados sean  objeto de   complejas manipulaciones estadísticas con propósitos de clasificación y predicción. Estas pruebas "objetivas" lo que sí añaden, generalmente, es una aberración más: la idea de que a una pregunta dada hay  solamente una respuesta correcta [3] . En los  modelos de evaluación  del aprendizaje vigentes se ha entronizado, además, un lenguaje mercantil, bancario: los estudiantes "deben" cierta materia, una vez aprobado un examen ya la "pagaron" o la "acreditaron", los cursos se miden en "créditos" y acumulando una determinada cantidad de créditos se obtienen determinados derechos.

Tan grande es el peso de la función de certificación de las instituciones escolares, incluso hace desaparecer la función educativa que deben tener los exámenes e incluso hace desaparecer la función educativa misma de dichas instituciones. No es necesario extenderse en la descripción  de este  fenómeno que ha merecido el nombre de "credencialismo" y su análisis en amplia bibliografía y que prostituye los sistemas que, frecuentemente de manera inmerecida, llamamos educativos: los estudiantes estudian casi exclusivamente "lo que va a venir en el examen", y asisten a "clases" sólo si este es requisito para presentar exámenes, los maestros son vistos solamente como los dispensadores de calificaciones y no como trabajadores académicos, intelectuales científicos, humanistas, de los cuales se pueden aprender cosas valiosas. Para obtener los favores de estos académicos, degradaos a funcionarios notariales y correas de transmisión del sistema de control social, el estudiante se ve impelido a acudir a diversos expedientes para conseguir sus favores (la manzana sobre el escritorio del profesor es imagen prototípica de un salón escolar).

Sin duda la tarea esencial de los sistemas escolares es que los estudiantes aprendan, pero parece poco razonable pensar en excluir de ellos la función  de certificar los conocimientos logrados por  los estudiantes. Los certificados escolares son, por el momento, imprescindibles: sirven a los estudiantes para diversos propósitos; ser aceptados en los cursos superiores de la institución en la que están inscritos, ser aceptados en otra institución educativa, ser aceptados en el nivel educativo superior, lograr el ingreso a un empleo, lograr un nombramiento oficial, desempeñar determinadas tareas profesionales, etcétera.

El esquema que puede rendir buenos resultados consiste en implantar un doble sistema de exámenes y evaluaciones  de los aprendizajes  de los estudiantes: uno destinado a sustentar la función de certificación y otro destinado a apoyar el proceso educativo. Esto  es lo que está haciendo ahora en la Universidad de la Ciudad de México. Las diversas evaluaciones de los conocimientos de los estudiantes en la Universidad de la Ciudad de México comprenden dos, tipos claramente diferenciados, que responden a dos, objetivos específicos y dos funciones esencialmente distintas de las instituciones educativas: a) Evaluaciónes diagnósticas y formativas  que cumplen con la función pedagógica de orientar, apoyar y consolidar [4]  el proceso educativo y b) Evaluaciónes de certificación que tienen como función sustentar el otorgamiento de certificados diplomas, títulos y grados. Todas las evaluaciones  de los conocimientos de los estudiantes tienen como referente el programa del curso, en dicho programa se especifican los propósitos y objetivos de aprendizaje.

Al inicio de cada curso,  el docente responsable del mismo hace una  evaluación diagnóstica  de los conocimientos de los estudiantes inscritos, el propósito central de esta evaluación es saber si los estudiantes cuentan con los conocimientos necesarios para iniciar y concluir con éxito el curso. Si el estudiante carece de los conocimientos necesarios, recibe del docente responsable del curso las indicaciones acerca de cómo  subsanar sus deficiencias; según la importancia de estas deficiencias, la indicación puede ser desde una lectura o un ejercicio específicos, hasta la realización previa o simultánea, de otro u otros cursos. Para este propósito, el estudiante cuenta con el apoyo del mismo docente del curso y de los asesores y tutores.

A lo largo de cada curso, el responsable del mismo aplica las evaluaciones formativas  necesarias a los estudiantes. Estas evaluaciones tienen como propósito conocer el avance de los estudiantes, y tomar las decisiones convenientes para el mejor  desempeño de los mismos. Las evaluaciones formativas son responsabilidad del docente, quien  determina los instrumentos y momentos adecuados, en términos de los objetivos del  programa [5] . Las evaluaciones  diagnósticas y formativas deben traducirse en un breve informe escrito para el estudiante respectivo; dicho informe especifica los avances y las deficiencias del estudiante e incluye indicaciones prácticas acerca de cómo subsanar  éstas.

La  expedición de certificados, diplomas, títulos y grados es responsabilidad de la institución y se sustenta en evaluaciones a cargo de  de cuerpos colegiados especiales llamados Comités de Certificación. Estos cuerpos están integrados por académicos del  campo de conocimiento respectivo, los cuales son elegidos por la academia, en el otorgamiento del certificado diploma, título o grado. La condición  única  e ineludible para el otorgamiento de un certificado diploma, título o grado consiste en la  demostración, mediante las pruebas que define el jurado respectivo, de que el interesado  tiene los conocimientos que el documento ampara. En caso de no otorgarse  la certificación solicitada por deficiencias en los conocimientos del estudiante, éste recibe  indicaciones precisas de las deficiencias que causaron la negativa.

Los estudiantes de la institución pueden presentar los exámenes de certificación  en los períodos programados por la Universidad. En caso de que el estudiante requiera másuna oportunidad debe presentar su solicitud acompañada de un informe de las actividades que ha realizado para subsanar las diferencias que se señalaron en la oportunidad previa.

Sin duda alguna los sistema escolares seguirán desempeñando una función de control  social, pues ésta se da no solamente mediante los sistemas de "exámenes" pero una modificación a éstos, que distinga claramente las evaluaciones diagnósticas y formativas de las evaluaciones para certificación, puede contribuir a hacer de los sistemas escolares mejores sistemas educativos.

[1] Véanse, por ejemplo, los trabajos de Alfiel Kohn: Punished by Rewards The Trouble with Gold Stars, Incentive Plans, A Praise, and Other Bribes (Houghton Miffin 1993/1999) y su página de internet: http://www. AlfieKohn.org

[2] Oportuna es aquí la advertencia de Daniel Yanquelovich, un reconocido encuestador de Estados Unidos y ex presidente del Educational Testing Service (el organismo examinador más importante de Estados Unidos), acerca de un proceso frecuente en las ciencias sociales. "El primera paso consiste en medir todo lo que puede ser fácilmente medido. Esto está bien. El segundo paso es ignorar aquello que no puede ser medido o darle un valor cuantitativo arbitrario. Esto es artificial y engañoso. El tercer paso es asumir que lo que no puede ser  fácilmente medido no es importante. Esto es ceguera. El cuarto paso es decir que  lo que no puede ser fácilmente medido realmente no existe. Esto es un suicidio"
[3] A este respecto bien vale la pena leer la simpática anécdota que se atribuye a Neils Bohr, quien supuestamente proporcionó cinco a seis respuestas correctas distintas a un  atribulado profesor de física que no sabía qué"calificación" ponerle http://physics/about.com/cs/legends/a/280703htm

[4] El aprendizaje realmente culmina cuando se sabe qué es lo que se sabe y qué es lo que se ignora, ésta es la función de las evaluaciones diagnósticas y formativas en la Universidad.

[5] Los objetivos formales del programa de un curso (sujeto a la acreditación del curso) son solamente una parte dentro de la totalidad de sus propósitos formativos, que son también materia de aprendizaje y evaluables con fines formativas.

LAS EVALUACIONES DE LOS CONOCIMIENTOS(1)   DE LOS ESTUDIANTES

Documento de trabajo

1.      Las diversas evaluaciones de los conocimientos de los estudiantes en la Universidad de la Ciudad de México comprenden dos tipos claramente diferenciados, que responden a dos objetivos [2] específicos y dos funciones esencialmente distintas de las instituciones educativas:

a) Evaluaciones diagnósticas y formativas que cumplen con la función pedagógica de orientar, apoyar y consolidar [3] el proceso educativo.

b) Evaluaciones de certificación que tienen como función sustentar el otorgamiento de certificados, diplomas, títulos y grados.

2.      Todas las evaluaciones de los conocimientos de los estudiantes tendrán como referente el programa del curso aprobado por los órganos competentes (academias, colegios, Consejo Asesor); en dicho programa estarán debidamente especificados los propósitos y objetivos de aprendizaje.

3.      Al inicio de todos los cursos, el docente [4] responsable del mismo hará una evaluación diagnóstica de los conocimientos de los estudiantes inscritos.

a)   El propósito central de esta evaluación es saber si los estudiantes  cuentan con los conocimientos necesarios para iniciar y concluir con éxito el curso.

b) Los criterios y parámetros para esta evaluación deberán ser acordados y aprobados por la academia respectiva.

c) El procedimiento y los instrumentos para esta evaluación serán definidos por el docente responsable del curso, de acuerdo con los parámetros y criterios aprobados por la academia; éstos pueden ser cuestionarios, ejercicios, entrevistas, generación de documentos, o cualquier otro adecuado a la materia del curso.

 d) Si el estudiante carece de los conocimientos necesarios recibirá del docente responsable del curso las indicaciones acerca de cómo subsanar sus deficiencias; según la importancia de estas deficiencias, la indicación puede ser desde una lectura o un ejercicio específicos, hasta la realización, previa o simultánea, de otro u otros cursos. Para este propósito, el estudiante contará con el apoyo del mismo docente del curso y de los asesores y tutores.

4.      A lo largo de cada curso, el responsable del mismo aplicará las                              evaluaciones formativas necesarias a los estudiantes. Estas evaluaciones tienen como propósito conocer el avance y tomar las decisiones convenientes para el mejor desempeño de los mismos. Las evaluaciones formativas son responsabilidad del docente, quien determinará los instrumentos y momentos adecuados, en términos de los criterios de la formación requerida tanto  como de los objetivos del programa [5] .

5.      Las evaluaciones diagnósticas y formativas deberán traducirse en un breve informe escrito para el estudiante respectivo; dicho informe especificará los avances y las deficiencias del estudiante e incluirá indicaciones prácticas acerca de cómo subsanar éstas.

6.      Los resultados de las evaluaciones diagnósticas y formativas deberán comunicarse a la academia respectiva para que guíen la revisión de los  planes y programas y los ajustes necesarios a fin de garantizar una educación efectiva del más alto nivel.

7.      Los resultados de las evaluaciones diagnósticas y formativas no podrán restringir los derechos de los estudiantes ni estos podrán usarlos para exigir certificaciones en condiciones distintas a las establecidas en los puntos 8 y 11 de este documento.

8.      La expedición de certificados, diplomas, títulos y grados es responsabilidad de la institución y se sustentará en evaluaciones a cargo de cuerpos colegiados especiales, llamados Comités de Certificación. Estos cuerpos serán integrados por académicos del campo de conocimientos respectivos, los cuales serán elegidos por la academia correspondiente.

9.      Para la certificación de materias, los Comités de Certificación se            conformarán con profesores elegidos por la academia de materia correspondiente  y serán responsables de elaborar los criterios y procedimientos de evaluación.

10. Para el otorgamiento de certificados, títulos y grados correspondientes a los diversos programas (Ciclo Básico, Licenciatura, Especialidad, Maestría y Doctorado), los Comités de Certificación estarán constituidos por profesores elegidos por las academias de los programas correspondientes; serán responsables de elaborar los criterios, procedimientos e instrumentos de las evaluaciones de certificación y someterlos a la aprobación de la academia a la que corresponden; y constituirán jurados que comprenderán a académicos de otras instituciones de educación superior invitados por el órgano colegiado correspondiente.

11. Las evaluaciones de certificación se traducirán, cuando así corresponda, en el otorgamiento del certificado, diploma, título o grado. La condición única e ineludible para el otorgamiento de un certificado, diploma, título o grado consiste en la demostración, mediante las pruebas que defina el jurado respectivo, de que el interesado tiene los conocimientos que el documento ampara. En caso de no otorgarse la certificación solicitada por deficiencias en los conocimientos del estudiante, éste recibirá indicaciones precisas de las deficiencias que causaron la negativa.

12. Los estudiantes de la Universidad podrán presentar los exámenes de certificación en los períodos programados por la Universidad. En caso de que el estudiante requiera más de una oportunidad  deberá presentar su solicitud acompañada de un informe de las actividades que ha realizado para subsanar las deficiencias que se le señalaron en la oportunidad previa.

13. Los exámenes de certificación estarán disponibles para cualquier estudiante de la Universidad, previa solicitud presentada en los períodos que sean establecidos, de acuerdo con los reglamentos que al respecto emita el Consejo Universitario


[1] Aquí en adelante el término conocimiento se entiende en sentido amplio: información, comprensión de conceptos, teorías y aplicación de estos, capacidad de juicio, competencias y habilidades intelectuales y físicas, etcétera.

[2] La justificación de esta diferenciación se encuentra en el documento Evaluación y certificación de conocimientos  en la Universidad de la Ciudad de México.

[3] El aprendizaje realmente culmina cuando se sabe que es lo que se sabe y que es lo que se ignora, ésta es la función de las evaluaciones diagnósticas y formativas en la Universidad.

[4] El responsable del curso puede ser un solo docente o más, así debe entenderse a lo largo de este documento.

[5] Los objetivos formales del programa de curso deben considerarse como una parte dentro de la totalidad de sus propósitos formativos, que son también materia de aprendizaje y evaluables con fines formativos.