Vida académica

Asistentes al diplomado impartido
en el Plantel Casa Libertad.

Más de 130 personas respondieron a la convocatoria de la Red de Cooperación Interinstitucional para participar en el V Diplomado: Trabajo Comunitario, Diálogo, Cooperación e Intercambio de Saberes, que se lleva a cabo del 15 de marzo al 15 de diciembre de 2012, en cada una de las sedes de las instituciones que integran dicha Red.

 

Acompañado por Marco Trejo, responsable de Vinculación Interinstitucional y Cooperación Universitaria de la UACM; Guadalupe Rueda, Arturo Perrusquía, Beatriz Levario, Fanny Escobar, Martín Guzmán, Rodrigo Vargas, Jesús Álvarez y Elibeth Vargas, integrantes del grupo de trabajo de dicha área, y de representantes de las instituciones que integran la Red. La inauguración de este espacio de intercambio, reflexión y de análisis, en torno al trabajo comunitario, estuvo a cargo del maestro Adrián Miguel Castillo, Coordinador del Plantel Casa Libertad, quien confió que el trabajo de la red redundará, en proyectos de colaboración, investigación y cooperación comunitaria.

 

El académico manifestó su beneplácito al ver el auditorio repleto de asistentes, provenientes de las comunidades aledañas a los planteles de la UACM, de asociaciones civiles, de estudiantes y profesores de diversas instituciones, y de la propia UACM, que siempre ha estado atenta a atender las demandas educativas y culturales de las y los habitantes de las delegaciones como Iztapalapa.

 

Por su parte, Alejandro Chao, Director de Desarrollo Comunitario de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, explicó que la misión de la Red es vincular a los diversos sectores de la población y trabajar con los grupos organizados de la sociedad civil, con el propósito de ofrecer oportunidades de educación, no sólo formal, sino popular, a distancia y permanente; así como alcanzar el desarrollo equitativo para toda la población, para lo cual, dijo: “nos acercamos a varias universidades que están participando en el fortalecimiento de la Red, cuya existencia se debe a la buena voluntad de las instituciones”.

 

“La Red se vincula con las universidades y con las organizaciones de la sociedad civil a través de convenios, el trabajo de promotores de salud, con grupos de mujeres y de ancianos, y, en general, las poblaciones que se encuentran alrededor de las comunidades”, agregó el académico.

 

Finalmente, señaló la importancia de que las y los asistentes aprendan a llevar a la práctica sus conocimientos, con la elaboración de un proyecto de desarrollo comunitario durante el curso.

 

Los módulos que integran el diplomado se refieren a las perspectivas en torno al trabajo comunitario, análisis y conceptualización de las prácticas comunitarias, métodos y estrategias para el trabajo comunitario.

 

La Red de Cooperación Interinstitucional está integrada por universidades como la UACM, la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, la Intercultural del Estado de México, el Centro Universitario, la UAEM-Amecameca, la Pedagógica Nacional-Ayala, la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, La Salle, la Internacional de Cuernavaca y la Fray Luca Paccioli, de Morelos.

La Semana de la Divulgación de las Ciencias de la Tierra
se celebró en el Plantel Cuautepec.

En el marco de la Semana de la Divulgación de las Ciencias de la Tierra, que se llevó a cabo en el Plantel Cuautepec, del 12 al 16 de marzo de 2012, organizada por el Centro de Información e Investigación Documental, el Consejo y la Coordinación del Plantel, y la Sociedad Amigos de Cuautepec, María Fernanda Campa y Hernán Correa, profesores de la UACM, junto con Avelino Santillán Mondragón y Andrés Noé Martínez Martínez, originarios de la zona donde se ubica el plantel, disertaron sobre la Sierra de Guadalupe y el Ambiente.

 

Conocedor no sólo de la historia de su lugar de origen, sino de los aspectos que caracterizan el territorio donde se ubica Cuautepec, Noé Martínez se refirió a los ríos y los afluentes de la Sierra de Guadalupe. Al respecto, dijo que hace 40 o 50 años la zona estaba llena de árboles, pero actualmente está totalmente deforestada. “La mancha urbana se ha comido toda la naturaleza, a pesar de los programas de reforestación, emprendidos por diversas comisiones públicas y empresas particulares que participan en la reforestación”.

 

El ingeniero explicó que la sierra generó una serie de cauces naturales que ancestralmente llegaron a favorecer a la demarcación, con un suelo rico y estable y donde casi no se sienten los temblores por la zona de cerros que amortiguan las ondas.

 

Cuautepec tiene una población de 360,000 habitantes, aproximadamente, tiene una convergencia que genera la captación y recepción de las aguas pluviales, recepción que en ocasiones llega a ser muy intensa y que provoca severos desbordamientos.

 

“Por ejemplo, el 30 de octubre del 2010 ocurrió uno que ocasionó una gran catástrofe. Afortunadamente, no se registraron pérdidas humanas, pero sí de propiedades, vehículos, menaje y algunas otras construcciones que fueron colapsadas por el desbordamiento, porque no es posible controlar las aguas broncas que bajan de la Sierra de Guadalupe, sino que deben ser controladas a través de los arroyos y sus afluentes”, abundó.

 

Los ríos de Cuautepec, explicó el ponente, dejaron de hacer su función debido, entre otras razones, a que los suelos ya no infiltran agua como antes lo hacían. “La lluvia se filtraba hacia el subsuelo y hoy en día ya no sucede, porque el suelo está cubierto con asfalto negro o pavimento hidráulico; además de las invasiones que la gente ha hecho de esos espacios y por el crecimiento de la mancha urbana”.

 

La infraestructura que existe para la captación no es la adecuada; las secciones están estranguladas, hay barrancas de 70 o 90 centímetros, incluso hasta de 1.08 metros. De allí la necesidad de hacer una planeación efectiva y respetar las zonas de recarga, porque al obstruir el paso del agua, los suelos se colapsan.

 

“Desafortunadamente, se requieren inversiones fuertes no sólo para el drenaje y la captación de aguas pluviales, sino también para el crecimiento y mantenimiento a la red primaria y secundaria de arterias, alumbrado público, la imagen urbana, arboladas, así como una serie de servicios. Sin embargo, en la época de estiaje, de enero a mayo, se le da mantenimiento al drenaje profundo, entran las cuadrillas, con maquinaria y equipo a los túneles para hacer el dragado, así como la limpieza de los cauces”, finalizó Noé Martínez.

 

En su intervención, Avelino Santillán Mondragón, uno de los viejos pobladores del Barrio Alto de la demarcación, rememoró que antes Cuautepec era un pueblo chico, bonito y autosuficiente. “Vivíamos de la siembra del maíz, del frijol y del pulque. Después de la época de la agricultura, varias familias se dedicaron a la explotación de las canteras, de barro refractario, piedra blanca, cuarzo, calcedonia, aunque otras familias siguieron dedicándose a la agricultura”.

 

A sus casi 90 años, Santillán Mondragón lamentó la precariedad de recursos económicos, el desempleo y las grandes inundaciones que ha sufrido la zona, a causa del crecimiento desordenado, y pidió a los estudiantes y vecinos, que acudieron a esta conferencia, a solidarizarse con Cuautepec y a participar en su rescate.

 

Hernán Correa, profesor de la Academia de Estudios Sociales e Históricos de la UACM, señaló que, en estos momentos, los usos sociales del agua se encuentran en una fase crítica, sobre todo de abasto, pero también de contaminación, de allí que se requiera construir un sistema de regulación de vasos en la cuenca de Cuautepec.

 

“También se requiere del saneamiento de las barrancas, la recuperación de las zonas de la recarga acuífera, el reconocimiento de algo que ya es menos visible, porque está tapado por la mancha urbana: el escurrimiento natural de una micro cuenca”, puntualizó.

 

“La Sierra de Guadalupe tiene un gran potencial de captación de agua. En un paraje conocido como Las Moras, cerca de un deslave de tierra hay un represamiento natural de agua que nos muestra como una afectación natural pone en evidencia la riqueza hídrica que hay en Cuautepec, por lo que se debe continuar investigando, reconocer el valor de la naturaleza, las posibilidades y obligaciones que como comunidad tenemos frente a ella”, concluyó el profesor.

“Ante los sismos y los volcanes no hay mejor preparación que la de trabajar en la prevención, pues, al evitar daños estructurales, no se tendrá que trabajar en la recuperación de los mismos”, señaló el doctor Juan S. Payero de Jesús, durante su participación en La Semana de Divulgación de las Ciencias de la Tierra, celebrada en el Plantel Cuautepec de la UACM.

 

Durante la conferencia La sismicidad y el volcanismo, dictada el 13 de marzo, en el Aula Magna 1, el experto en geofísica resaltó que los fenómenos naturales, como los temblores, tienen un comportamiento casi cíclico, es decir, si ocurre un terremoto en Baja California, de magnitud 7 en la escala de Richter, es porque en el pasado ocurrió uno similar, que pudo haber sido hace 100 o 200 años.

 

“Esto es algo que debemos tener en consideración, pues si hay un comportamiento cíclico, debemos prevenir los daños que ocasionan los desastres naturales sobre el humano y en el desarrollo del país, pues estos fenómenos afectan y disminuyen las economías de los países”, puntualizó Payero de Jesús.

 

Ejemplificó lo anterior con los casos de Haití y Japón: en el caso del primero, el terremoto del 2010, con magnitud de 7.3 grados, generó un daño económico de aproximadamente 14 mil millones de dólares, y se considera que acabó con el 117% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, “lo que produce Haití y esperaba tener en un año se acabó en un minuto y medio”, apuntó.

 

En el caso de Japón, continuó, el sismo de 2011 fue de 9.1 grados y los daños, hasta ahora, se han cuantificado en 235 mil millones de dólares, esto es, el 4.27% de su PIB, aunque la cifra sigue aumentando por las indemnizaciones y reconstrucciones.

 

Por ello, el doctor Payero de Jesús señaló la importancia de la divulgación y prevención, para que se pueda convivir con los desastres naturales, como un terremoto, huracán o la erupción de un volcán. Para el caso de sismos, mencionó como medidas preventivas las construcciones y edificaciones en lugares seguros; microzonificación sísmica, pues, dijo, no es lo mismo construir un edificio en Acapulco que en Chihuahua; código de construcción adecuada, actualizado y funcional; educación y simulacros, además de una alarma sísmica.

 

Resaltó la importancia del estudio de las ciencias de la Tierra, “porque si tenemos muchos sismólogos hablando de esto, dando conferencias, investigando, vamos a tener un país educado y preparado para evitar daños considerables en el futuro, ya que la sismicidad se presenta sobre todo en la costa del Pacífico”.

 

Luego de mencionar las contribuciones de distintos investigadores, a lo largo de la historia, sobre los movimientos telúricos y los instrumentos de medición desarrollados, indicó que, desde 1905, en México se implementó el Servicio Sismológico Nacional (SSN), y en 1910 se inauguró la primera estación sismológica, que está en Tacubaya, y, actualmente, varios estados de la República cuentan con una estación sísmica que registra los movimientos telúricos, incluso a centenas de kilómetros, información que transmiten vía satelital o telefónica.

 

En relación a la sismicidad típica en México, entre 2006 y lo que va del 2012, indicó que han ocurrido 4 mil 509 temblores de magnitudes iguales o mayores a 4 grados en la escala de Richter; 183 iguales o mayores a 5 grados; 21 iguales o mayores a 6 grados; y uno mayor a 7 grados, que se registró en 2010, en Baja California, y que fue de magnitud de 7.3 grados.

 

“En México la tierra esta temblando constantemente, no lo percibimos, pero sí la instrumentación, lo que indica que debemos trabajar en la microzonificación, principalmente los ingenieros”, apuntó.

 

Respecto al volcanismo, el geofísico señaló que se ha tratado de establecer una correlación entre sismos y volcanes, y se ha tratado de identificar qué ocurre primero, si un terremoto o una erupción, pero, en la mayoría de los casos, no hay coincidencia.

 

Indicó que en los lugares con volcanes debe existir un control, pues si hay actividad, las exhalaciones de vapor y ceniza pueden ir en aumento y la erupción de rocas o lava genera daños en los alrededores como: destrucción de viviendas, puentes, acueductos, presas, deslizamiento y derrumbes de cerros, incendios, deforestación, contaminación de ríos, paralización del transporte, y con todo esto, daños en la economía del país.

 

Para prevenir daños de volcanes, Juan S. Payero señaló que se deben respetar los espacios y evitar las edificaciones en lugares cercanos a uno; contar con un mapa de riesgo volcánico; alerta volcánica (Semáforos del Centro Nacional de Prevención de Desastres); así como la educación y realizar simulacros.

 

La Semana de Divulgación de las Ciencias de la Tierra, celebrada del 12 al 16 de marzo, fue organizada por el Centro de Información e Investigación Documental, la Coordinación y el Consejo del plantel, así como la Sociedad Amigos de Cuautepec.

El libro de Víctor Delgadillo (primero, de izq. a der.)
analiza los centros históricos de Quito, Buenos Aires
y la Ciudad de México.

En el marco de la XXXIII Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería (FILPM), se presentó el libro Patrimonio histórico y tugurios. Las políticas habitacionales y de recuperación de los centros históricos de Buenos Aires, Ciudad de México y Quito, de Víctor Delgadillo, profesor investigador de la UACM.

 

En el salón Manuel Tolsá del Palacio de Minería, Alejandro Suárez Pareyón, de la Facultad de Arquitectura de la UNAM, y René Coulomb, de la UAM Azcapotzalco, elogiaron el trabajo de investigación que elaboró Delgadillo, entre 1990 y 2003, en esos tres centros históricos, en el cual analiza a detalle las políticas y proyectos habitacionales y de recuperación del patrimonio edificado en Quito, Buenos Aires y la Ciudad de México.

 

Ante un nutrido auditorio, René Coulomb destacó el compromiso de Víctor Delgadillo con la problemática del devenir de la función habitacional de los centros históricos. “En el libro, el autor presenta una investigación profusamente documentada, y señala la creación de programas pilotos, instrumentos innovadores en cuanto al diseño arquitectónico, y también en cuanto a la forma de financiamiento”.

 

De acuerdo a la investigación de Delgadillo, agregó Coulomb, entre 1990 y 2003, sumando los tres centros históricos visitados y analizados, “hubo 3,200 acciones de vivienda, es decir, 246 viviendas al año, frente a un universo global de poco más de 85 mil viviendas en grave situación de deterioro, es decir, a este ritmo se necesita un plazo de 25 años para lograr un cambio radical en la problemática habitacional de estos tres centros históricos”.

 

Coulomb indicó que, de acuerdo a los datos del libro, en el caso de la Ciudad de México se necesitarían 12 años para terminar con la vivienda “tugurizada”, pues a raíz de los sismos de 1985, en tres años se intervino 3,562 viviendas en el Perímetro B del Centro Histórico.

 

“Sabemos que la base del éxito en el programa de renovación habitacional después de los sismos, y que es el más importante realizado en materia de vivienda popular en los centros históricos de América Latina y el Caribe, es la movilización de los inquilinos que se resistieron a ser deportados hacia conjuntos habitacionales periféricos y forzaron a una rehabilitación, predio por predio, en beneficio de los habitantes de esas viviendas. Víctor Delgadillo retoma éstas y añade otras estrategias, pues los centros antiguos cumplen hoy en día la función de alojar a una población de ingresos modestos”, puntualizó el académico de la UAM.

 

A su vez, Suárez Pareyón resaltó la investigación en el libro, ya que brinda a los lectores “la oportunidad de hacer sus propias conclusiones, y especulaciones, sobre la pertinencia y oportunidad de hacer del Centro Histórico un buen lugar para vivir.

 

En charla con NotiUACM, Víctor Delgadillo apuntó que su investigación consiste en el devenir de los centros históricos y, en el caso de la Ciudad de México, analiza, en los últimos 40 años, las políticas de recuperación del Centro Histórico, a la vez que investiga los proyectos de atención a la vivienda deteriorada, habitada por población de bajos ingresos. “Ahí hay un gran desafío, por un lado hablamos de rescatar el patrimonio edificado, que es de todos, pero eso cuesta dinero y además esos inmuebles son de propiedad”.

 

Agregó que, a raíz de los sismos de 1985, se han tenido varias generaciones de políticas públicas para la renovación habitacional popular y, desde que el Distrito Federal tiene un gobierno propio, éste se ha preocupado por atender algunas vecindades deterioradas, pero, reconoció, que aún falta mucho por hacer. “Mi investigación trata de identificar caminos y estrategias para construir política pública, para atender un Centro Histórico incluyente, en el que se debe destinar presupuesto y hacer estudios sobre vecindades deterioradas”.

 

En este sentido, dijo que ya hay un camino construido sobre metodologías de cómo hacer este tipo de proyectos: “Un aspecto importante es mezclar presupuestos, mezclar tipos de vivienda, mezclar estratos socioeconómicos, pues el Centro Histórico es típico los comercios en plantas bajas y las viviendas en partes altas; se tendría que continuar haciendo y, si en los comercios se venden o alquilan más caro, se puede subsidiar la vivienda de la población de bajos ingresos”, concluyó el investigador de la UACM.

 

El libro Patrimonio histórico y tugurios. Las políticas habitacionales y de recuperación de los centros históricos de Buenos Aires, Ciudad de México y Quito está editado por la UACM. Víctor Manuel Mendiola, encargado de Publicaciones de la UACM, fue el moderador en la presentación de este libro.