Biblioteca del Estudiante de la Universidad Autónoma de la Ciudad México

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Del estudio y el estudiante - Lecturas para la reflexión
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PRÓLOGO
Míriam Sánchez Hernández

QUIENES HAN TENIDO LA FORTUNA de acudir a la escuela, han pasado o pasan muchas horas de su vida en ella. Aquellos que concluyen una licenciatura han acudido al menos diecisiete años a las aulas y han convivido con gran cantidad de maestros y maestras: en la educación primaria al menos con seis, en la educación media y superior quizás han tenido contacto con más de diez profesores por año. Es posible contar más de cien profesores durante la historia escolar de un profesionista; en caso, por supuesto, de que recordara a todos y cada uno; pero es probable que su memoria se alimente de unos cuantos, aquellos que pudieron imprimir huellas de emociones agradables o, por el contrario, dolorosas.

Para muchos niños y jóvenes, la experiencia escolar resulta de gran ambivalencia. Los pequeños no tienen clara la razón por la que en lugar de jugar deben dedicarse a tareas a veces áridas y repetitivas en aras de un aprendizaje de quién sabe qué, ante la insistencia de los padres y profesores sobre su utilidad futura. Por su parte, los escolares mayores realizan tareas a regañadientes, con la certeza de que pasando ciertos tragos amargos y complaciendo a los profesores podrán obtener un título o diploma. Aunque esto no quiere decir que no disfruten aprender aquellas cosas que les gusta.

Esta situación es el resultado del modo como se presenta el proceso de enseñanza-aprendizaje, consecuente muchas veces con una concepción impositiva o protectora por parte de los educadores y que se corresponde a su vez con una actitud pasiva de los escolares.



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Date vi. 04/14/2023 @ 04:07
Autor Miriam Sánchez Hernández, Marcela López Fernández
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Los exámenes
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EN CASI TODAS LAS INSTITUCIONES educativas, habitualmente los exámenes escolares son vistos y vividos por los estudiantes como una amenaza, como una experiencia angustiante y desagradable. También para los maestros constituyen, por lo general, una tarea poco grata; decidir qué preguntar, vigilar a los alumnos durante la aplicación del examen y “calificar” los resultados son actividades que implican tensión, mucho trabajo e incluso angustia.

En el proyecto de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, los exámenes son todo lo contrario: son un servicio que se ofrece a los estudiantes con diversos propósitos, entre ellos que los propios estudiantes conozcan sus logros y las tareas necesarias para subsanar sus deficiencias y avanzar en sus estudios. Otro propósito es que la institución obtenga las pruebas necesarias para extender certificados, títulos y grados, con una incuestionable exigencia académica, pero con una total apertura para que puedan demostrar lo que saben. Así, los exámenes pueden ser vividos por los estudiantes como una experiencia educativa más, sin riesgos, sin amenazas, sin tensiones.

Examinar, dice el diccionario de la Real Academia Española, es “escudriñar con diligencia y cuidado una cosa”. En el ámbito escolar, lo que se escudriña con diligencia y cuidado son los conocimientos del estudiante. ¿Por qué resulta esto una amenaza, una experiencia desagradable y angustiante? En general no es la acción misma de ser examinado lo que origina esos efectos indeseables; la causa del temor, la angustia y el desagrado provienen principalmente de las posibles consecuencias de los resultados del examen. Estas consecuencias pueden ser, en las instituciones educativas convencionales, muy graves. En muchos casos, para el estudiante pueden significar la exclusión del sistema escolar y con ello la amenaza de no podersobrevivir pues se ha impuesto, como idea general, que los certificados y títulos escolares son indispensables para tener un empleo y que sin empleo no se puede vivir.



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Date vi. 04/14/2023 @ 04:03
Autor Manuel Pérez Rocha
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¿Quién cuenta en la escuela?
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¿QUIÉN CUENTA EN LA ESCUELA?
Miriam Sánchez Hernández

 

LA COLECCIÓN GALATEA OFRECE en este volumen cuentos de dos escritores latinoamericanos que, desde la literatura, tocan bordes y abismos de la vida escolar.

El primero, del argentino Héctor Sandro, se titula “Modificación de último momento”. La trama es muy sencilla: cuatro composiciones que una niña elabora y que son evaluados, tal vez, por un profesor. Los temas son: “Mi casa”, “Mi familia”, “Mis vacaciones” y “Mis padres”. A lo
largo de los cuatro textos la niña deja ver sucesos que trastocan su vida, donde el revisor sólo atina a ver faltas de ortografía, puntuación y sintaxis que señala de manera impecable para que, a su vez, sean corregidas por la pequeña escritora. Ninguna otra responsabilidad asume el profesor. Como si la vida, las emociones y los sentimientos de los estudiantes no le concernieran en absoluto. ¿Así debe ser la escuela?, ¿así deben ser los profesores?

El segundo cuento, escrito por el mexicano Efrén Hernández, titulado “Tachas” —publicado por primera vez en 1928 por la Secretaría de Educación Pública—, se desarrolla en un aula escolar. Arranca con la pregunta que hace el profesor a un estudiante: “¿Qué son tachas?”, y prosigue con la descripción que éste último hace de la  secuencia de sus pensamientos para dar, por fin, con varias respuestas, aunque ninguna de ellas satisface al profesor.

Los dos textos —escritos con belleza, ironía y suspicacia— son ejemplos de la distancia que puede existir entre las personas que comparten el espacio escolar y, supuestamente, los mismos intereses. Sujetos que conversan con palabras comunes pero con sentidos, visiones y preocupaciones distintas. La escuela que parece un mundo y que quizás son muchos mundos, o como dijera Efrén Hernández, un mundo que es “un fantástico gran cuento incomparablemente encantado y encantador” en el que:

  • Cada quien es un mundo.
  • Cada quien es su mundo.
  • Cada quien es su cuento.


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Date vi. 04/14/2023 @ 03:59
Autor Miriam Sánchez Hernández, Marcela López Fernández
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Educar ¿para qué?
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EDUCAR ¿PARA QUÉ?
Miriam Sánchez Hernández

LA INTERROGANTE NO ES NUEVA, ha sido planteada durante todo el siglo XX y ha merecido diversas respuestas sus tentadas en la filosofía, la epistemología, las ciencias de la educación, la investigación social y la económica. Se ha dicho que la educación impulsa el desarrollo económico de un país, favorece la movilidad social de los individuos, prepara para el trabajo; es responsable de la reproducción social de los valores y de la dominación; abate la pobreza de los individuos y de los países.

En este número de la Colección Galatea presentamos los artículos de tres pensadores contemporáneos que reflexionan sobre la educación y su función social y ética. David Orr, Fritjof Capra y Humberto Maturana reconocen que la principal motivación que debe alentar la educación es preservar la vida, y sólo encuentran una forma de lograrlo: cuidar la tierra, el agua, las especies; pues a pesar de que hoy la población del mundo recibe más educación, aumenta la devastación de la naturaleza y la destrucción del hombre. David Orr lo dice de esta forma: “el valor de la educación debe ser medido en términos de decencia y supervivencia humana”. Para él, “no es la educación lo que nos rescatará, sino cierto tipo de educación”.



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Date vi. 04/14/2023 @ 03:47
Autor Miriam Sánchez Hernández, Marcela López Fernández
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Retos de la docencia universitaria
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DICEN LOS VIEJOS LOBOS del periodismo que no hay cosa más vieja que el periódico de ayer. Otra frase —creo recordarla de la novela Conversación en la Catedral de Vargas Llosa— afirma que si bien le va a una nota antigua del periódico, que uno se afanó por pulir y lograr el milagro de hallar lectores en el sol de su día, es que sirva la página en que apareció para envolver un sencillo pescado.

Vértigo, celeridad. El casi siempre vano intento por atrapar el sentido de lo que está pasando a pesar de no contar con la perspectiva que nos regala la distancia. Sí. Y al tiempo, rastros de un presente ya ido pero de cuya marca nos afanamos por dejar testimonio. Paradoja constante del que decide hacer suyo el oficio de escribidor.

Una tarde, Manuel Pérez Rocha, rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México y parroquiano crítico de las columnas que redacto cada lunes en La Crónica, me sorprendió. Tocayo: nos gustaría publicar algunos de tus artículos en una colección dedicada a nuestra comunidad. Hemos escogido los que te mando y nos gustaría que aceptaras.

Miré los títulos y releí lo escrito hace uno o dos años: los estudiantes, actores centrales de la actividad de toda  universidad que se respete, nos son desconocidos. Aunque parece de lo más trivial, la docencia —tomada en serio— tiene retos singulares, y de repente, sin que cambien los muchachos, al modificar nuestras maneras de tratarlos no los reconocemos. El viejo tema, pero permanente esperanza, de la movilidad social y otra calidad de vida asociada a la educación. El relato de una conversación, de ¿casualidad? también en una cantina, en medio del dominó de un grupo de profesores decentes. El reiterado hábito de confundir las evaluaciones con torneos de futbol, o el asunto de explorar en qué consiste nuestro oficio como profesores.



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Date vi. 04/14/2023 @ 03:35
Autor Manuel Gil Antón
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De la motivación y del síndrome de fracaso
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DE LA MOTIVACIÓN Y DEL SÍNDROME DE FRACASO
Míriam Sánchez Hernández

UNA DE LAS MAYORES PREOCUPACIONES en torno de los sistemas educativos es su eficacia. En todo el mundo se observan altos índices de deserción y baja eficiencia terminal. Es decir, un número importante de estudiantes no logra adquirir los aprendizajes esperados ni cumple los plazos previstos. A este fenómeno se le llama fracaso escolar.

Las ciencias de la educación han investigado y teorizado sobre este hecho tratando de explicar las causas y de buscar soluciones.

Estudios iniciales sobre el fracaso identificaban como algunas de sus variables determinantes la capacidad de los estudiantes y sus condiciones socioeconómicas y de vida. Esta forma de abordar el problema dejaba en la indefensión tanto a los estudiantes como a los profesores, pues parecía que a menos que se modificaran las condiciones socioeconómicas y de vida, no sería posible que los estudiantes obtuvieran mejores resultados.

Por medio de estudios posteriores, se ha observado que los métodos pedagógicos y la intervención adecuada y oportuna de los profesores pueden ser relevantes para modificar lo que se ha identificado en algunos estudiantes como síndrome del fracaso.

 



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Date vi. 04/14/2023 @ 03:27
Autor Miriam Sánchez Hernández, Marcela López Fernández
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Pigmalión en la escuela
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PIGMALIÓN EN LA ESCUELA
Míriam Sánchez Hernández

CUANDO CONOCEMOS A UNA persona construimos una idea general acerca de ella. Esta idea normalmente está basada en nuestras experiencias con personas de apariencia similar y en nuestros juicios o valores. Las impresiones que tenemos de los otros, o los estereotipos que ela boramos, cumplen una función económica en tanto los usamos como pautas o guías iniciales para relacionarnos con la gente. Si tales relaciones poseen continuidad, tene mos la oportunidad de verificar lo certero o erróneo de nuestra primera opinión y, en todo caso, podemos confirmar nuestras ideas o corregirlas.

Si esos imaginarios tienen consecuencias en otras personas, es fomento de detenerse a reflexionar sobre ello. Así, ante los grupos de estudiantes, por ejemplo, los profesores tienden a hacerse una idea de ellos, lo que es natural y está bien. Sin embargo, según algunos estudios, las ideas o juicios que un profesor se forma de sus estudiantes, influyen —al parecer— de manera favorable o desfavorable en su éxito académico. Esto se debe, en parte, a que los estudiantes tienen gran habilidad para identificar dichas expectativas y suelen actuar conforme con las mismas y, de manera diferenciada, según la lectura que hacen de lo que esperan de ellos todos y cada uno de sus profesores.

Son interesantes al respecto los resultados de las evaluaciones internacionales concernientes al desempeño de los estudiantes; se ha encontrado que existe correlato entre el éxito académico y la motivación de los estudiantes respecto de los contenidos pedagógicos, así como entre la confianza en sí mismos y la que tienen los profesores y las instituciones en cuanto a su capacidad de aprendizaje. A propósito de estas cuestiones, se ofrecen dos artículos que revisan diversas investigaciones cuyo objetivo es valorar los efectos de las expectativas que los profesores tienen de sus estudiantes, y que se ha asociado con el mito griego de Pigmalión.

Pigmalión, artista de Chipre, esculpió la figura de una mujer con tal cuidado, dedicación, belleza y perfección que se enamoró de ella. Su amor y gran expectativa hacia la escultura, de nombre Galatea, hacen que Afrodita, la diosa del amor, cumpla el deseo del escultor dotándola de vida.



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Date vi. 04/14/2023 @ 03:20
Autor Miriam Sánchez Hernández, Marcela López Fernández
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Los garrotes y las zanahorias
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GALATEA ES EL NOMBRE que el escultor Pigmalión dio a la es cultura más hermosa que haya cincelado. Observa la piedra, imagina la figura, talla, pule, revisa, corrige, detalla. En ella deposita amor, anhelo, deseo y esperanza. Gracias a la intervención de la diosa Afrodita, Galatea cobra vida y se convierte en la compañera de Pigmalión.

Galatea representa el proyecto y la realización, la aspiración y el logro, el esfuerzo, la tenacidad, la perseverancia, la expectativa y la consumación de la misma: el cumplimiento de la profecía. Por ello, el mito griego nos ha dado la clave para elegir Galatea como nombre
del Proyecto.

La Colección Galatea. Cuadernos de educación está dedicada a estudiantes y profesores que se encuentran en el proceso de aprender. Se dirige también a las personas que participan en las distintas áreas que conforman una institución educativa y la hacen posible. Es indispensable que los responsables de la gestión, la administración, la
planeación y la organización de las escuelas dialoguen y busquen la coincidencia en los principios educativos, los objetivos y las maneras de hacer las cosas.



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Date vi. 04/14/2023 @ 03:05
Autor Manuel Pérez Rocha
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